Se habla mucho, de las lecciones que la historia nos ofrece, de hecho circula por ahí, la frase, “el que olvida su historia está condenado a repetirla” cita aproximada que he visto atribuida a diferentes autores. Sea como sea, el hecho, de que generación tras generación, protagonice las mismas trifulcas, por parecidas razones, sugiere que o no estudiamos lo suficientemente nuestra historia, o que no comprendemos las lecciones que nos trasmite.

Hay otras explicaciones para semejante estupidez, pero no las mencionaré , no vaya a ser que alguno se me ofenda.

Lo cierto es que, con un rostro diferente, los mismos personajes, aparecen una y otra vez a lo largo de nuestra historia, creyéndose ungidos por la providencia, para reorientar nuestro destino en la dirección que su iluminada percepción les sugiere. Lo sorprendente, es que una vez tras otra, tienen éxito.

No parece que la explicación a semejante proceso, sea solo, la falta de formación de esa sociedad objeto de manipulación. Las ideologías más dañinas, las doctrinas más tóxicas, han prosperado en alguno de los países mas cultos y desarrollados.

Sucede, que a medida que avanzan en la dirección equivocada, más necesario les resulta abrazar incondicionalmente la falacia que fundamenta su causa. Es entonces, donde aquellos que iniciaron el desafuero, son a su vez arrastrados, por la turba a la que excitaron irresponsablemente.

Cuantas veces, los locuaces oportunistas que incendiaron la convivencia de una sociedad estable, fueron incapaces de retroceder, al ser rehenes de la misma furia que desataron.

Esa es una lección, que todos deberían aprender. Hay procesos incontrolables, cuyos torpes e irresponsables protagonistas, actúan como pirómanos, dejando tras de sí la desolación en los espíritus de sus acólitos. Y una justa y furiosa demanda por parte de los demás afectados.

Autor: Felipe R.

Categorías: Borbonia

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