Once días han pasado.

La distancia permite ver las cosas con perspectiva, analizar en frío y tener una visión más clara.

Apenas dos centenares de personas nos reunimos para celebrar el día de la Constitución, en el mejor de los casos hubiésemos sido ¿seiscientos?, los mismos que nos hubiésemos marchado a casa, tranquilamente, tras nuestra fiesta.

Sin policías, sin vallas, sin escándalos, sin heridos, sin más repercusión, sin pena ni gloria.

Las amenazas previas provocaron que más policías que manifestantes blindaran el acceso a la plaza desde el día anterior, levantando espectación.

La carga a primera hora contra el cordón de seguridad obligó a que éstos hiciesen su trabajo, las consecuencias fueron palpables, mossos y atacantes heridos, manifestantes que se quedaron en casa por temor, y otros que no lograron acceder al recinto.

La cosa no ha parado ahí, el gobierno catalán quiere expedientarlos, y el nacional, suprimirlos.

Mientras ellos, incapaces de controlar tal desbarajuste, están encerrados, admitiendo que la situación se les va de las manos.

La revolución de las sonrisas ha mutado en un puñado de energúmenos que muestran su verdadero rostro al ocultarlo, brindándonos titulares por toda la prensa europea, en lugar de quedar como algo anecdótico en el diario de Gerona.

Magnífico el vídeo de nuestro más ilustre invitado perseguido por una horda encapuchada por las calles de Gerona, dará la vuelta al mundo, en menos de ochenta días.

Lo cierto es que convocaron a nuestro acto al doble de personas que nosotros, el triple si contamos a los efectivos.

En la última reunión alguien propuso que les invitemos a nuestros actos, y les demos un bocadillo, pues los convierten en todo un éxito, no hemos descartado la idea.

Entre lo de Gerona y lo de Tarrasa, se ha liado bien gorda, y ahora los Ministros quieren venir a Barcelona y unirse a la fiesta.

Espero que no les defrauden, ni a ellos, ni a nosotros, dando un buen espectáculo de pseudoterrorismo que acabe con el último aliento del nacionalismo, a la par que desmonte toda la propaganda que laboriosamente han sembrado a lo largo y ancho de Europa sobre el pueblo oprimido, la libertad y la democracia.

Una edil de barrio profesó en un pleno que no deberían concedernos permisos para llevar a cabo ninguna actividad, que el consistorio de la capital jamás lo hubiese permitido.

La señora alcaldesa, ante la presión de sus acólitos tuvo que aclarar, en su twitter personal, que no tiene autoridad para autorizar ni prohibir nuestros actos.

Seguro que ésto le costó alguna cana, pero sepa usted, que nuestra intención no es provocar.

Si nos hubiesen dejado en paz, sólo habría sido una fiesta por la Constitución, en una plaza sin vallas, sin policía, sin prensa y sin altercados.

No todos somos iguales.

Gracias a Dios, nosotros somos “feixistas”.

Ale, a pensar.

Categorías: Noticias

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.